Y sí, llegó el momento de despedirme del recorrido por el tramo de Nueva Orleans en la ruta 61 y poner rumbo a la América más profunda de todo el viaje, a las entrañas del estado de Mississippi. Uno de los estados más rurales del país, donde es difícil encontrar ciudades grandes, por no decir ninguna. Y es que esta es una de las rutas en coche por Estados Unidos más auténticas.

Hacia Clarksdale, el pueblo donde nació el Blues

Comencé mi camino temprano ya que me esperaba un largo recorrido en coche por la ruta 61. Como el huracán Barry había tocado tierra unas millas al norte de Nueva Orleans el clima era muy desapacible, con fuertes lluvias y un viento muy intenso. Tenía planificado ir desde Nueva Orleans a Clarksdale, pero viendo el panorama modifiqué la ruta inicial y decidí pasar la mañana viendo algunas plantaciones de algodón que se encontraban en el camino y luego pasaría la noche en una pequeña ciudad llamada Natchez.

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Las plantaciones tienen unas mansiones impresionantes, así que me pasé toda la mañana visitándolas con el coche. Me tocó improvisar saltando muros, encaramándome a algún árbol o incluso poniéndome de pie encima del coche. Quería conseguir alguna foto de estas increíbles plantaciones donde tantas películas se han rodado y que solo con verlas te transportan a otros tiempos; esos tiempos de máximo esplendor y riqueza en el sur, pero también, al episodio más vergonzoso de toda la historia de Estados Unidos: la esclavitud. Millones de personas fueron secuestradas, explotadas y maltratadas (hasta la muerte en muchos casos) a lo largo de décadas. Los negros no tenían derecho ninguno, comenzando por la libertad y siguiendo por las propiedades, los juicios justos, la asistencia médica o el poder casarse con alguien que no fuera de su misma raza. Pero no quiero ponerme seria, aunque siempre uno tiene que ser consciente de dónde se encuentra y de la historia real de ese lugar. Conseguí sacar unas fantásticas fotografías y, la cuestión de hacerlo como os he descrito, es porque era imposible hacerlo de otra manera. Todo permanecía cerrado por miedo a que el huracán hiciera algún destrozo. También era muy extraño que, con el tremendo temporal, alguien se acercara hasta allí.

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Entre campos de algodón y mansiones de cine

Primera parada The Myrtles, junto a la carretera 61, una plantación capaz de despertar la curiosidad de cualquier persona. ¿Cómo no, si se rumorea que es la mansión más embrujada de los Estados Unidos?

Oak Alley es muy bonita, el pasillo de robles es fantástico y en ella se han rodado multitud de series y películas, como Entrevista con el vampiroDéjà Vu, de Beyoncé. Entre Oak Alley y la Plantación Laura, a mano derecha está Felicity. Fue aquí donde se rodó parte de la película 12 años de esclavitud.

Para finalizar, mi favorita si de escenarios de películas hablamos: la plantación Evergreen. ¿Estás hablando conmigo? Muchos bastardos van a caer bajo la venganza de Django. Quentin Tarantino no dudó que este sería el escenario perfecto para llevar al espectador de vuelta a los días de esclavitud en los estados del sur. Y tengo que reconocer que no estaba equivocado. Me encantó la plantación y Django Desencadenado es una de mis películas preferidas.

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Natchez, parada a orillas del río Mississippi

Cuando llegué a Natchez seguía lloviendo y solo había una gasolinera abierta, un supermercado y una tienda de licores. En la licorería y en el casino es en el único lugar donde pude ver gente. Todos los demás lugares permanecían cerrados y no había nadie en la calle, así que pensé que solo tenía dos opciones: comprar algo de comer, ver una película y descansar en la habitación o dejarme llevar por el puro vicio y bajarme al casino. No seáis mal pensados, soy una buena chica y me decanté por la primera opción. Me dirigí al supermercado para comprar algo y puse rumbo al hotel. Cuando llegué por fin pude respirar tranquila y pensé: «ya se terminó el trayecto por hoy y estoy en un sitio seguro, ¡¡¡bien!!!» Pero cuál sería mi sorpresa en el hotel que, después de registrarme, coger el ascensor y tomar rumbo a la habitación, me quedé de piedra al observar el parecido que tenía al hotel de la película El Resplandor ¡¡¡Era igual!!! Si aparecen unas gemelas al final del pasillo me da un infarto. Me encerré en la habitación y no salí hasta la mañana siguiente.

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Clarksdale, uno de los lugares más auténticos de Estados Unidos

Solo unas 200 millas y cerca de cuatro horas en ruta por carretera me quedaban para llegar a mi siguiente destino: Clarksdale. Me sentía muy emocionada, arranqué el coche a primera hora de la mañana y comencé mi trayecto por la 61. Seguía nublado, pero ya no llovía y eso provocaba en mi una inmensa alegría. Solo esperaba que el huracán se alejara hacia otro lugar y no me acompañara en el camino. Me encanta la Ruta 61, es más, me atrevería a asegurar que la Ruta 61, al estar mucho menos publicitada y transitada, es bastante más fiel a la realidad americana. La conocida como la Ruta del Blues (y bien ganado a pulso que tiene el nombre) es una carretera larguísima, de nada menos que 2.300 kilómetros, que serpentea paralela al río Mississippi, comenzando la ruta 61 en Nueva Orleans (Luisiana) y acabando en Wyoming (Minessota). Para mí, este tramo fue probablemente el más bonito y el más especial de todos los miles de kilómetros que he recorrido en Estados Unidos. Y es que habrá más de uno que pensará, bueno, es sólo una carretera. Pues no, es mucho más que eso, es la ruta en coche que te llevará al Estados Unidos más canalla, más genuino, más carismático y visceral. Un viaje dentro de otro viaje.

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Y por fin, Clarksdale, uno de los lugares más auténticos de Estados Unidos que hoy en día es una pequeña ciudad de poco más de 15.000 habitantes. La importancia del Blues es tal en estos parajes que se constituyó oficialmente la Mississippi Blues Trail, que reconoce y ensalza un montón de rincones que ayudaron a la popularidad del género. La mayoría de estos lugares se encuentran en el Delta del Mississippi y entre ellos destaca Clarksdale.

Dónde dormir en el Delta del Missisipi

Y para hospedarme el Shack Up Inn. Se trata de uno de los hoteles más extraordinarios donde haya dormido nunca. Escogido en muchas revistas como el hotel más alucinante de toda América ¡tengo que darles la razón! Se encuentra en los terrenos de la antigua plantación Hopson. Por supuesto, no puede faltar un campo de algodón que visité mientras se ponía el sol y me hizo estremecer. El cielo era increíble y me regaló una de las puestas de sol más extraordinarias que haya visto. Este hotel está tan perdido en medio de la nada que cuando logré encontrarlo, no me podía creer la maravilla que me esperaba. Conformado por una veintena de cabañas antiquísimas de techo de hojalata, todas están renovadas y se alquilan. Sin duda, es uno de los lugares más especiales y auténticos donde dormir en el delta del Mississippi. Solo por ver amanecer frente a los campos de algodón de la América profunda regresaría a este lugar. Reservé una cabaña que era enorme, con una habitación, un pequeño salón y uno de los cuartos de baño más impactantes que he visto nunca, todo decorado rollo redneck -estilo granjero blanco-, 100% pero con todas las comodidades. Decir que estaba encantada es poco. El complejo es una pasada y tienen hasta su propia sala de conciertos y esa noche hubo concierto de Alanna Mosley. Casi ni tenías la necesidad de bajar a la ciudad y yo no podía parar de hacer fotos. Los detalles y la decoración hay que verlos para creerlos. ¡No sabéis la pena me dio cuando me fui!

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El legado del Blues

Después de una buena ducha, cogí el coche y me dirigí a Clarksdale. Es bastante pequeñita, pero es la ciudad que mejor ha sabido proteger el legado del Blues.

Lo primero que me encontré en el camino fue uno de los lugares más míticos de Clarksdale: la intersección de las carreteras 49 y 61, el crossroads más famoso de la historia de la música. Cuenta la leyenda popular que aquí fue donde el músico Robert Johnson vendió su alma al diablo. El guitarrista le vendió su alma pidiéndole a cambio que le convirtiera en el mejor guitarrista de blues de la historia. Solo 2 fotografías y la grabación de veintinueve temas influyeron en varias generaciones de músicos. Su misteriosa y escasamente documentada vida, y su muerte a los 27 años, han dado lugar a la difusión de muchas leyendas. Es considerado el Abuelo del Rock and Roll. Su locución, la originalidad de sus canciones y su estilo al tocar la guitarra, han marcado a una gran gama de músicos, entre ellos: Bob Dylan, Led Zeppelin, Jimi Hendrix, The Rolling Stones, Slash, Queen, Eric Clapton y muchos más. Hay quien dice que es «el más importante músico de blues que haya vivido». 

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Qué ver en Clarksdale, Estados Unidos

Delta Blues Museum

Posteriormente me dirigí al Delta Blues Museum, un museo modesto, pero muy intenso. Sigue la historia y el papel del blues en el delta del Mississippi y lo hace a través de objetos, grabaciones y trajes de los músicos de la zona. Una de las curiosidades del museo es la pequeña cabaña donde creció el músico Muddy Waters.  Algunos músicos que están en Delta Blues Museum me resultaban conocidos; otros los conocí allí por primera vez. Pero todos contribuyeron a forjar la leyenda de ese estilo musical. Es una visita fantástica que recomiendo a cualquier visitante que esté en la ciudad. Se aprende mucho de este género musical y no puedes evitar salir cantando, con una sonrisa en la boca y el corazón lleno de blues.

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Ground Zero Blues Club

Y nada más salir del museo, el primer sitio que vi fue un local de aire destartalado: el Ground Zero Blues Club, uno de los clubes más animados de ClarksdaleEl propietario es el actor Morgan Freeman, que se deja ver por allí a menudo, aunque es solo una de las muchas peculiaridades de este club -también restaurante y pensión-, donde todas las noches, de miércoles a sábado, hay música en directo.

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Bluesberry Café

Después del Ground Zero Blues Club me dirigí al Bluesberry Café, un lugar frecuentado por los ZZ Top y donde esa misma noche yo cenaría y vería un concierto de Blues fantástico. Este lugar está a cinco minutos del Ground Zero, pero el recorrido no pudo ser más intenso. Lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de grafitis que había y las placas haciendo mención a personajes célebres de la ciudad.

Mientras caminaba y observaba estos fantásticos grafitis una pequeña tienda de guitarras llamo mi atención. Parecía cerrada, pero lo descarté al ver entrar a dos chicas -también de fuera- y decidí entrar a echar un vistazo. La tienda era igual de ruinosa que el resto de la ciudad, pero con mucho encanto, unas guitarras alucinantes, discos de vinilo, pósteres, y fotografías de músicos por todas partes. Allí todo estaba amontonado. Su dueño era un tipo muy agradable y simpático y nada más abrir un poco la puerta me gritó: «¡Entra y siéntete como en tu casa!»

Cuando ya llevaba diez minutos mirando la cantidad de cosas que tenían amontonadas en el establecimiento una de las chicas preguntó: «¿Puedo probar esa guitarra?» El hombre le facilitó el instrumento y ella comenzó a hacerla sonar. En ese instante se creó un momento maravilloso del que disfrutamos los cuatro. La música une y no me cansare de decirlo. ¡Fue sensacional! Ella tocaba de una forma muy especial y me siento muy afortunada por el regalo tan maravilloso que nos hizo. Este fue uno de esos momentos especiales que paran el tiempo, que hacen que me enamores la vida. Estas son las experiencias que encienden en mi el motor que tengo dentro, ese motor que me impulsa a viajar, a disfrutar del momento, a sentir y compartir con los demás. Como dijo un anónimo, la vida no se mide por el número de veces que respiramos sino por las veces que nos quedamos sin respiración.

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Ya era de noche cuando salimos de la tienda y mi siguiente destino era un concierto y una merecida cena en Bluesberry Café. Las calles de Clarksdale tienen un sabor aún más especial por la noche que por el día. El pueblo se ve envuelto en un aroma constante de decadencia absoluta y, sin embargo, es ello lo que lo convierte en un lugar único… ¡casi mágico!

A primera hora del segundo día y después de un buen desayuno en Clarksdale me despedí de la ciudad para dirigirme a mi siguiente destino: el increíble y musical Memphis. Mi tiempo en Clarksdale llega a su fin, pero la ruta en coche por Estados Unidos continúa… Y a ti, ¿te gustaría viajar a Estados Unidos?

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