Ay, Uganda. Este país del Este de África siempre había estado en mi lista de sueños viajeros y, por fin, este año he podido cumplirlo. Uganda es uno de los países a los que se puede viajar sin restricciones actualmente. Por supuesto, cumpliendo con todas las medidas de seguridad y prevención necesarias. Así que, ya de vuelta, voy a contaros mi experiencia en la Perla de África y por qué viajar a Uganda cumplirá todas tus expectativas.

¿Qué se necesita para viajar a Uganda en tiempos de COVID?

Para viajar a Uganda en tiempos de pandemia es necesario presentar una prueba PCR negativa realizada con 72 horas de antelación, la cartilla de vacunación con la certificación de la vacuna de fiebre amarilla y un visado de entrada al país.

Qué hacer en Uganda en 10 días

Día 1: Entebbe y el Lago Victoria

Aterrizamos en el aeropuerto internacional de Entebbe y pusimos rumbo al hotel para dejar nuestras cosas. Después, y como primera toma de contacto, salimos a visitar los alrededores del lago Victoria y comimos en un local típico a orillas del río. Para probar la comida local, nos animamos con la Perca del Nilo, uno de los pescados más comunes de la zona. ¡Delicioso! Y, antes de irnos, navegamos por el lago mientras observábamos cómo los pescadores reparaban en la orilla sus aparejos de pesca. No está nada mal para el primer día, ¿no?

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Día 2: Rinocerontes de Ziwa y Masindi

¡Buenos días desde la Perla de África! Tras desayunar y organizar el equipaje en el coche, pusimos rumbo al norte para llegar a nuestro primer destino: Masindi.

Pero, antes de llegar, teníamos que hacer una parada que nos hacía mucha ilusión. Ziwa alberga un santuario de rinocerontes blancos cuya la labor es la recuperación de esta especia ya extinta en la sabana ugandesa. Se fundó en 2005 con tan solo tres parejas de rinocerontes y, actualmente, cuenta con una treintena de ejemplares. ¡Es una labor encomiable!

Tras un pequeño trekking por el parque, acompañados en todo momento por los rangers del parque, encontramos a una familia de siete miembros a los que seguimos hasta una charca. ¡Nos deleitaron con sus juegos un buen rato hasta que retomaron su rumbo!

Emocionados con lo vivido, llegamos a Masindi y, ¿sabéis dónde nos alojamos? En el mismo hotel en el que se hospedaron Katharine Hepburn y Humphrey Bogart durante el rodaje de La Reina de África. Pero este lugar también ha sido testigo de las noches de recuperación de Ernest Hemingway. Es curioso ver cómo sigue igual que cuando se inauguró, limpio y austero, y con un aire nostálgico.

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Día 3: Primer safari en Uganda, Murchison Falls

Para aprovechar bien el día, decidimos madrugar para seguir hacia el norte en dirección a la reserva de las Cataratas Murchison, aunque debido a la crecida del río no pudimos tomar el ferry que nos llevaría hasta el al otro lado del Nilo. Pero no pasa nada, aún teniendo que dar un rodeo para llegar a las fuentes del Nilo, todo tiene su lado bueno. ¡Pudimos contemplar y conocer las cataratas Karuma! Muy desconocidas y más pequeñas que las Murchison, llevan un caudal más que considerable. ¡Toda una sorpresa!

Para poner el broche de oro a la jornada, llegó la hora de hacer nuestro primer safari en Uganda. Subidos en el 4×4 recorrimos parte del Parque Nacional de Murchison y disfrutamos de las enormes manadas de jirafas Rotchild. ¡Llegamos a ver a más de 56 miembros juntos! Y es que en este parque ellas son las reinas.

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Día 4: Murchison Falls N.P. y cataratas

¡Vamos a por el segundo día en Murchison! El día empezó muy bien ya que, durante nuestro safari, pudimos observar a los leones trepadores -muy difíciles de ver- y a los leopardos con sus presas en lo alto de las copas de las acacias. La suerte estaba de nuestro lado así que el día continuó entre elefantes, kobos, búfalos de Uganda y el Puku -un antílope raro que habita también en la sabana de Uganda-. ¡Y todo esto en un entorno lleno de palmeras hasta llegar a orillas del Lago Alberto! Y es que los paisajes de Uganda no tienen precio…

Ya por la tarde, tomamos el barco La Reina de África para remontar el río Nilo hasta el pie de las cataratas Muchinson, aunque nuevamente, y debido a la fuerte corriente producida por las lluvias, impedía nuestro acercamiento y tuvimos que disfrutarlas desde la distancia.

Eso sí, la puesta de sol a nuestro regreso, mientras navegábamos por el Nilo fue una preciosa estampa de postal. ¡Para el recuerdo!

Día 5: Rumbo a Queen Elisabeth Park

Tras el desayuno comenzamos nuestra ruta hacia el Sur en dirección al Parque Nacional Queen Elisabeth. Hay que tener en cuenta que la distancia entre parques es un poco grande así que el día irá sobre ruedas. Pero esto tiene una parte muy positiva: cruzar pueblos locales, ver cómo es la vida ugandesa y disfrutar de una de las mejores cosas que tiene Uganda. Sus paisajes. De hecho, por el camino, pudimos disfrutar de la estampa que dejan las inmensas plantaciones de té a lo largo de la zona. ¡Y es que Uganda tiene uno de los mejores tés del mundo!

Ya atardeciendo llegamos a nuestro hotel. ¡Justo enfrente del canal de Kazinga! ¿Sabíais que este canal comunica los lagos Edward y George?

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Día 6: Safari en Queen Elisabeth

Hoy ya sí. Toca salir de safari el Parque Nacional de Queen Elisabeth. Si algo hay que tener en cuenta a la hora de viajar a Uganda es que no es un destino de safari como tal. Por eso, como en este caso, hay veces que el rastreo de animales no es tan fructífero como en destinos como Kenia o Tanzania. Aún así, no nos podemos quejar. ¡La suerte ya nos había acompañado demasiado!

Después de comer, nos dirigimos a un bosque para observar las diferentes especies de chimpancés en un trekking que duró cuatro horas. Pese a la densidad de la vegetación y acompañados por nuestro guía y un ranger… ¡por fin los encontramos! Subidos a las copas de los árboles e interactuando entre ellos, fue una experiencia para el recuerdo.

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Día 7: Rumbo a Kisoro

Dejamos atrás los chimpancés y buscamos la cercanía de las fronteras de la República Democrática del Congo y Ruanda. ¿Por qué? Porque será ahí, en la zona de Kisoro, cerca de Bwindi, donde nos esperaban los gorilas de montaña.

Fue un día de viaje en el que pudimos apreciar toda la belleza de las tierras ugandesas, el paisaje tan espectacular y los colores tan vivos. La tierra roja trasmite fertilidad y los verdes intensos de bosques y pastos virginidad. El ruido del agua por doquier, la multitud de aves que habitan estas tierras y sus gentes -pobres, trabajadoras y siempre sonrientes- amenizan el camino. Aquí la tierra es tan fértil que las montañas se convierten en campos.

Llegamos a Kisoro al atardecer y nos alojamos en la que un día fue la segunda casa de Dyan Fossey, quien dedicó su vida al estudio y defensa de los gorilas de montaña, hasta su desaparición en extrañas circunstancias.

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Día 8: En busca del gorila de montaña

Hoy, por fin, ¡es el GRAN DÍA! Toca salir en busca del gorila de montaña, así que subidos en nuestro 4×4 llegamos hasta el centro de interpretación. Allí, tras una charla y varias indicaciones a seguir durante el trekking y con los gorilas, nos agruparon en pequeños grupos de máximo 8 personas. Esto es así para proteger a los animales porque, además, es importante tener en cuenta, que cada familia de gorilas solo puede ser visitada una vez al día. Cada grupo va acompañado por un ranger y dos rastreadores y existe la posibilidad de contratar portadores que por 15 dólares pueden llevar las mochilas y ayudar en los tramos más complicados si es necesario. Además, es una buena forma de aportar a la economía local.

Qué material se necesita para el tracking de gorilas

Para hacer el tracking a los gorilas, es aconsejable llevar guantes, ya que una vez adentrados en el bosque la vegetación es muy densa. Por supuesto, un buen calzado de montaña, transpirable e impermeable, ya que hay zonas embarradas y puede haber que cruzar pequeños riachuelos. Además, llevar unas polainas o calcetines altos evitará que las hormigas nos suban por los bajos de los pantalones. En cuanto a los palos para ayudarse durante el trekking, no es necesario llevarlos ya que en el centro de interpretación dejan prestados unos bastones de madera. Por último, un sombrero, agua, insecticida y, por supuesto mascarilla para evitar que podamos contagiar a los gorilas.

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Nuestro recorrido fueron 14 km (ida y vuelta) de los cuales los cinco primeros fueron bastante suaves ya que se sucedían bajadas con subidas pronunciadas, pero seguidas de zonas llanas que nos permitían recuperar. Poco después, llegamos a la ladera de la montaña donde comenzaba la subida a la montaña atravesando la selva para llegar hasta donde se encontraba la familia de gorilas que ya habían localizado los rastreadores.

La belleza de la ruta era tal que pensé: «si no tengo ocasión de ver a los gorilas, me daré por satisfecha». Atravesamos poblados de gente local, vimos a las mujeres con sus bebés atados a la espalda mientras cosechaban la tierra y a niños al cuidado del ganado.

Mientras, nosotros seguíamos montaña arriba hasta que nos indicaron que ya habían localizado a una familia de unos 8 a 10 miembros. En ese punto dejamos mochilas y bastones con los porteadores y, solo con las cámaras, comenzamos a subir por la selva cerrada los metros que nos separaban de ellos.

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Estábamos subiendo entre la espesa maleza que casi nos cubría por encima de la cabeza, cuando de repente, al levantar la vista, vimos a tan solo unos metros un inmenso ejemplar que, sentado de espaldas, parecía no importarle nuestra presencia. Poco después, los gorilas bebés comenzaron a descender la ladera y, tras ellos, todo el grupo se desplazó unos metros.

Hipnotizada por tan increíble estampa, comencé a descender tras ellos, sin percatarme de que uno de los jóvenes miembros había quedado atrás y ahora descendía para reunirse con los suyos. Apenas pude volverme y ver cómo descendía corriendo tras de mí. Instintivamente me quedé inmóvil y di un paso hacia la izquierda intentando dejar paso y, al mismo tiempo, ocultándome tras un arbusto. En ese mismo instante vi cómo uno de los rastreadores se dirigía colina arriba hacia mí con la mano extendida y ya no tuve tiempo de pensar qué estaba pasando, pues en ese momento noté un empujón en la espalda que me hacía a un lado mientras el pequeño -menos mal- continuaba su camino.

Es curioso darse cuenta de que, llega un momento en el que te das cuenta de que ya no importa tomar esa foto tan única que tenías en mente. Un momento en el que dejas las cámaras y quedas absorta ante el espectáculo que tienes delante mientras intentas vivir esa emoción cada segundo y disfrutar de la interacción animal. ¡Una experiencia inolvidable!

El camino de regreso se hizo mucho más corto, era tanta y tan grande la emoción que me embargaba que perdí la noción del tiempo. Ahora entendía por qué alguien puede dar su vida por estas criaturas…

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Día 9: La línea del Ecuador

Aún emocionados por lo vivido el día anterior y tras desayunar, pusimos rumbo hacia Entebbe.

En nuestro camino pasamos por el Lago Buyonyi donde, con un poco de suerte, es posible avistar a la nutria gigante africana y cruzar la imaginaria línea del Ecuador. Allí se levanta un monolito dedicado a este punto geográfico y hacen una demostración de la rotación del agua por el desagüe. En la parte norte (nuestro hemisferio) el agua gira en el sentido de las agujas del reloj, y por el contrario, en la parte sur, el giro es al contrario. Cuando nos situamos justo en la línea del Ecuador, el giro desaparece y el agua simplemente cae por el desagüe.

Antes de llegar hicimos una última parada en el orfanato de los ahora famosos niños de Masaka, que hicieron viral el baile de Jerusalema y que bailaron para nosotros un nuevo baile compuesto por uno de ellos, Mrs. Masaka, que cumplía 5 años. Hicimos donaciones de ropa y compramos cuadros que los niños y las niñas pintan para sacar dinero. Fue una bonita experiencia en la que compartimos risas, bailes y alegría.

Día 10: Entebbe y vuelta a casa

Ya ha llegado el último día de viaje en Uganda y, tras desayunar, fuimos al centro sanitario Victoria para realizar las pruebas PCR para poder salir del país y cumplimentamos el formulario necesario para entrar en España a través de la app SpTH.

Por la tarde, y como despedida, realizamos una excursión por los pantanos -el lugar donde habitan estas aves- en busca del mítico pájaro picozapato. Este pájaro que se encuentra en peligro de extinción y en la zona de Entebbe habitan 9 ejemplares. ¡Tuvimos la suerte de poder ver uno de ellos!

Con la suerte de nuestro lado, salimos hacia el aeropuerto para coger nuestro vuelo de regreso a casa. ¡Qué maravilla de viaje, de destino y de experiencia!

Y a ti, ¿te gustaría viajar a Uganda?

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2 Comentarios

  1. Hola Carmen,
    Una pregunta…para entrar a Uganda se requiere PCR con una antelación de 120 horas justas o dentro de las 120 horas anteriores al viaje?
    Mil gracias!

    • ¡Hola Siscu! En tiempos de COVID las medidas que toman los países son muy cambiantes, por eso lo mejor es diseñar tu viaje junto a un asesor experto como Carmen que te ayudará e informará de todos los detalles para viajar con total seguridad. De todos modos, ahora mismo, para entrar en Uganda es necesaria una prueba PCR con 72h de antelación. Un abrazo

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