Durante el año que estuve viviendo en Estambul aproveché para recorrer media Turquía -Cappadocia, Pamukkale, Éfeso, Costa Licia…- maravillándome de toda la naturaleza, historia y, por supuesto, gastronomía que posee este increíble país con una de las gentes más amables que he conocido en mi mundo viajero. La otra mitad del país, el este de la península de Anatolia, se quedó en el tintero. ¡Y es que este país es inmenso! Es ahora, aprovechando las flexibles restricciones del gobierno turco en tiempos de COVID cuando decido volver de viaje a Turquía para recorrer esa mitad pendiente, una de las regiones más desconocidas de Turquía, Anatolia Oriental.

Si esta región no suele absorber demasiados turistas normalmente, en tiempos de COVID os podéis hacer una idea de quién era el único extranjero en tierras otomanas. Aunque con mis rasgos siempre me he mezclado muy bien entre los turcos… ¡al menos hasta que abría la boquita! 😉

Primera parada: Estambul

Entre dos mares, el Mar de Mármara y el Mar Negro; entre dos continentes, Europa y Asia; y entre dos mundos, el tradicional y el moderno; una ciudad demasiado oriental para ser europea y excesivamente occidental para ser asiática convierte a Estambul en una de las ciudades más impresionantes del mundo. Y es que esta ciudad engancha mucho. Siempre tendemos a visitar nuevos destinos por ese afán de conocer lo máximo posible en este tiempo finito, pero volver a lugares a los que previamente ya has viajado o vivido es también una sensación muy gratificante. Y es así, que pasé unos días en la antigua Constantinopla recordando grandes momentos vividos mientras me reencuentro con amigos y antiguos compañeros de trabajo, justo antes de viajar a la Turquía más desconocida.

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Pablo Pastor en la Mezquita Azul o de Sultán Ahmed de Estambul, Turquía.

Qué ver en la Turquía más desconocida

Un recorrido por Anatolia Oriental

En este post hablaré de las principales localizaciones de mi ruta por Anatolia Oriental, de norte a sur, y de los diversos puntos de interés que hay que ver en esta zona de Turquía. Todas ellas engloban un itinerario bastante completo por Anatolia Oriental en algo más de dos semanas.

Trebisonda, una ciudad arropada por el Mar Negro

Después de disfrutar de Estambul, que en este tiempo no muestra su cara más real debido a las restricciones COVID que afectan especialmente a la hostelería, comienzo mi ruta por la Turquía del Este en la provincia del Mar Negro de Trebisonda. Aquí la naturaleza toma su protagonismo desde hotelitos de cabañas en el bosque con vistas al Mar Negro hasta el Monasterio de Sumela, que cuelga en un acantilado vertical de 300 metros de caída libre. Y, como si de un fiordo noruego se tratara, está Uzungöl, otra joya más de esta Turquía desconocida en la que encontrarás actividades de todo tipo.

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Uno de los muchos columpios que existen en los diferentes restaurantes con vistas en Uzungöl, Turquía.

Kars, una ciudad entre tres fronteras

Siguiente parada, Kars. Nos adentramos en una tierra cuyos personajes ya no hablan inglés, de paisajes desorientadores, montañas tortuosas y de llanuras infinitas y solitarias en las que, de vez en cuando, algún minarete asoma indicándonos que estamos en tierras musulmanas. Nos encontramos en territorio turco, en territorio armenio o en territorio kurdo, según con quién hablamos. En una historia un poco más triste, pero más original. Hay quien dice que Kars está lejos de todas partes, que nadie quiere ir y que aquellos que viven allí quieren marcharse… Y es que, aunque la ciudad de Kars tenga un aspecto especial con edificios y monumentos turcos, armenios y rusos que cuentan su historia con una naturaleza rural, no estoy aquí por ella, sino por la Antigua Capital del Reino de Armenia, Ani, uno de los rincones que hay que ver en la Turquía desconocida.

Ani, la ciudad de las mil y una iglesias

A unos 50 kilómetros de Kars, justo en la frontera con Armenia, nos encontramos ruinas de murallas, calles, bazares e iglesias. Muchas iglesias. Y es que a Ani es conocida como la Ciudad de las Mil y Una Iglesias. Todas estas ruinas pertenecen a la que en su día fue una de las ciudades más prósperas e importantes de Oriente Próximo, a la altura de Bagdad o de la mismísima Constantinopla. Ani, que tras conquistas bizantinas, mongolas, rusas, georgianas o turcas y tras algún que otro terremoto, nos deja esta historia de abandono y ruinas.

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La Iglesia de Tigran Honents. una de las muchas que se encuentra en Ani. Al fondo, la frontera con Armenia.

Visitándola, de una manera u otra, rendimos homenaje a un pueblo víctima -una vez más- de la degradación humana, de aquel espantoso genocidio armenio por fuerzas otomanas. El hecho de caminar por las ruinas de esta ciudad, nos hace sentir la melancolía del pasado, la importancia y la riqueza de esta ciudad que por la desidia del ser humano se convirtió en ruinas.

Doğubeyazit, con vistas al techo de Turquía

De camino hacia Van la naturaleza va cobrando otra vez su máxima expresión con montañas escarpadas, colores vivos y llanuras imponentes. Así, cerca de la frontera con Armenia e Irán y con el Monte Ararat –el pico más alto de Turquía– como telón de fondo, llegamos a Ishak Pasha Palace, uno de los puntos más destacados de la zona. Desde aquí solo nos queda echar la vista atrás y otear los horizontes de historia y naturaleza que regala este lugar. Además, si la climatología lo permite y eres bastante aventurero, Doğubeyazıt también es la ciudad de partida a trekkings de subida guiada al increíble Monte Ararat. Este volcán inactivo, con una cumbre de nieves perpetuas y legendaria es, según la Biblia, donde se posó el Arca de Noé después del diluvio universal.

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Pablo Pastor en el Ishak Pasha Palace con Doğubeyazit a sus pies.

Van, el lago más grande de Turquía

Una de las zonas que hay que ver en Turquía -y que más ganas tenía de conocer- es la región de Van. Aquí podremos seguir disfrutando de la naturaleza con increíbles experiencias y actividades como la de caminar e incluso nadar dentro del cráter de un volcán. El cráter del Volcán Nemrut es una de las calderas más grandes del mundo y, aunque inactivo, en su cráter encontramos lagos con aguas que pueden llegar a los 60 grados de temperatura. Gracias a las coladas de lava que este estratovolcán produjo en su tiempo, bloquearon la salida oeste del agua a la planicie de Mus originando uno de los accidentes geográficos más famosos de esta zona, el Lago Van (Van Gölü), el mayor de Turquía y testigo de grandes historias y civilizaciones. Así, alrededor de este lago es donde encontraremos los principales puntos de interés como la Isla de Akdamar con su Catedral Armenia de la Santa Cruz, la Fortaleza de Hosap, las Cascadas de Muradiye, el cementerio de Ahlat o la ciudad homónima de Van.

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Pablo Pastor en el cráter del Volcán Nemrut, Turquía.

Mardin, la ciudad de las lenguas

Bajamos hacia el sur para adentramos en Mesopotamia, la cuna de la civilización. Mardin, ubicada en la Ruta de la Seda entre los ríos Tigris y Éufrates, la que fuera la ciudad de las lenguas -debido a la convivencia de diferentes religiones, idiomas y culturas- se extiende colina abajo, dominando toda la llanura mesopotámica. Su parte antigua hace de esta ciudad una de las más bonitas y entrañables de Turquía. Los hoteles cueva que se esconden en el casco antiguo os recordarán a los de Cappadocia, con sus terrazas oteando la llanura, con vistas y puestas de sol espectaculares y callecitas laberínticas como sacadas de un portal de Belén. Una ciudad en la que se respira paz y tranquilidad. Alrededor de Mardin también se pueden visitar otros fantásticos puntos de interés como el Monasterio de Mor Hananyo y las Ruinas de Dara.

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De paseo por las calles de la parte antigua de Mardin, Turquía.

Sanliurfa, una vuelta al origen

El pasado de la ciudad de Sanliurfa abruma. Un paseo por su bello Balikligöl, contemplar las impresionantes vistas desde su castillo o visitar su recomendadísimo Museo Arqueológico -para viajar por todas las etapas de la prehistoria e historia de esta región-, te hará reflexionar sobre todo lo visitado dentro y fuera de ella. Así pues, a pocos kilómetros de Sanliurfa podrás visitar sitios tan impresionantes como Göbeklitepe.

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Pablo Pastor paseando por el Balikligöl de Şanliurfa.

Göbeklitepe, el templo más antiguo del mundo

Benditos aquellos que inventaron la religión porque de ella ha dependido el desarrollo de la humanidad y que el mundo actual exista como tal. Esta es una frase parecida a la de un célebre historiador que no conseguía quitarme de la cabeza durante mi visita a Göbeklitepe. Y es que, si hay un sitio que puede poner patas arriba hechos de la historia que dábamos por ciertos, ese es Göbeklitepe. La evolución del ser humano fue muy lenta hasta la llegada de la Revolución Neolítica, cuando se descubre la agricultura y la ganadería y se pasa de una vida nómada a sedentaria. Con ello llegan el desarrollo de nuevas tecnologías, el arte, el culto o religión apareciendo las primeras civilizaciones cada vez más complejas hasta nuestros días. Así, siempre se ha creído que fue gracias a la agricultura y la ganadería. Pero de repente, aparece Göbeklitepe y lo desmonta todo.

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Los yacimientos de Göbeklitepe, el templo más antiguo del mundo, Turquía.

A 14 kilómetros de Sanliurfa y muy cerca de la frontera con Siria se asienta Göbeklitepe. De construcciones megalíticas, es considerado el templo más antiguo del mundo, superando al Stonehenge de Inglaterra y las pirámides egipcias. Anterior a la cerámica, la escritura y la rueda, los arqueólogos se preguntan si Göbeklitepe puede ser la primera pieza de arquitectura del mundo. Construido por personas prehistóricas para ser un centro religioso fundamentado en la cantidad de relieves que existen, se estima que la antigüedad del yacimiento podría ser de hace 12.000 años. Esto significaría que la religión apareció antes que la agricultura y la ganadería. A parte de ser centro de culto también se cree que era utilizado como centro de reunión de cazadores de la región en el que celebraban rituales y compartían nuevas técnicas de caza.

Si la tesis convencional apunta que la agricultura fue el motor del cambio, en Göbeklitepe fue la religión. Del deseo de crear un culto religioso surgió la necesidad de la agricultura y la ganadería y así, el sedentarismo y las civilizaciones.

Monte Nemrut, la magia de las cabezas de piedra gigantes

Termino esta increíble ruta por Anatolia Oriental en el impresionante Monte Nemrut, uno de los lugares imprescindibles que hay que ver en Turquía. Malatya, Adiyaman, Karadut o incluso Sanliurfa son buenos sitios de partida para hacer una excursión a este particular monte, siendo Karadut el más próximo. En lo más alto de la más alta montaña, a más de 2.000 metros de altitud se encuentra uno de los lugares más mágicos de Turquía, el Mausoleo de Antíoco I, rey del antiguo reino helenístico Comagene, del siglo I a. C. Aquí, entre dioses, leones, águilas y el propio rey podrás contemplar de un modo magnífico la fusión artística de las culturas de Grecia, Persia y Anatolia. Este patrimonio mundial de la UNESCO que limita con el Kurdistán turco fue el lugar elegido por el rey para autoproclamarse un Dios entre los vivos.

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Las estatuas de la terraza occidental del Monte Nemrut con Antíoco I al frente, Turquía.

Y hasta aquí mi viaje a la Turquía más desconocida. Esos rincones que demuestran que hay una Turquía más allá de Estambul y que merece mucho más que una visita. ¿Con cuál de todos estos secretos turcos te quedas?

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